lunes, 26 de junio de 2017

Zaragoza


Zaragoza, estación Delicias.
 




Zaragoza, ciudad del agua, capital del mudéjar y paraíso de las tapas, es una urbe bimilenaria que acumula el poso de cuatro culturas. Centro de espiritualidad y de congresos, escenario de unos hechos históricos que pusieron de manifiesto el fuerte carácter de sus habitantes, hoy se muestra como un enclave amante de la cultura y la diversión. 
 
 




Zaragoza es una ciudad de armonías discontinuas, dinámica, creativa, acogedora, cordial y amable. Con el nombre de Salduie se conocía el lugar donde confluye el río Huerva con el Ebro, enclave estratégico que fue habitado por la tribu ibérica de los sedetanos en los siglos II-I a.C. Formaba parte de una zona que actuó como frontera entre los íberos (situados al norte del Ebro) y los celtíberos (situados al sur) y estaba ocupada por los citados sedetanos, grupo prerromano que se extendía por el curso medio del Ebro.



 

Las murallas, el perímetro de la ciudad romana estuvo rodeado por una muralla de algo más de tres kilómetros, construida en la segunda mitad del siglo III en sustitución de la erigida en la época fundacional. De un grosor considerable -hasta siete metros-, se realizó exteriormente con sillares de alabastro y piedra caliza, e interiormente con argamasa de extraordinaria dureza.
 
Estatua de César Augusto, que dió nombre a la ciudad.



Los dos gigantes del Palacio de la Luna.











Calle de Alfonso I
 
Ejemplo del Modernismo en Zaragoza casa Molins (1902)



La calle Alfonso I, peatonal, comercial y una de las más agradables de la ciudad por el continuo deambular de gentes. En la esquina  con el Coso se alza la casa modernista Casa Molins, realizada por Fernando de Yarza en 1902. De planta baja, tres pisos con miradores y ático coronado por amplio alero, su fachada a dos calles muestra en el chaflán movidas y sinuosas formas que imitan a las de la naturaleza.
 


El Mercado Central, avda. de César Augusto, s/n., diseñado por Félix Navarro en 1903. El edificio, ecléctico y con algunos guiños al modernismo, combina de manera muy lograda piedra, ladrillo, hierro fundido y vidrio en una estructura de tres naves, más alta y ancha la central.










El Tubo, esta geometría tubular de bares y callejas, desde los años 50 forma parte de las señas de identidad de Zaragoza. De las tascas populares del Tubo, siempre muy frecuentadas, se ha pasado al refinamiento de las tapas y a la aureola de leyenda que rodea ciertos rótulos.
 






Madrid.








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