jueves, 30 de marzo de 2017

Una cocina toda de chocolate.



"El odio es como un borracho que, en el fondo de la taberna, renueva sin cesar su sed con la bebida." Beaudelaire




En las tierras cálidas y húmedas de América crece un árbol: el cacao.

El hombre supo pronto cómo extraer de sus semillas un sabor divino, cuyos aromas se encuentran allí donde confluyen los cuatro vientos.
El chocolate tienela fuerza acre del huracán y, con los ojos cerrados, también es la caricia de una brisa matinal. Helado, fustiga, sacude como un viento del Norte pero, en un instante, puede convertirse, para reconfortarnos, en la más leve corriente de aire cálido del Sur.

En el origen de las palabras
Para los mayas, el chaca haa era cacao en polvo sin azúcar, preparado con agua. Para los aztecas, el xocoalt se convirtió en una bebida rojiza y especiada, reservada a los más ricos. Se servía con un puré de maiz.

La selva de Chiapas
Los cacaos más antiguos se han encontrado en la Selva Lacandona, en Chiapas, al sureste de México. Monos y loros, y más tarde el hombre, los extendieron por toda América Central hace más de 2.600 años.
 


La isla de Guanaja
El primer encuentro occidental con el cacao lo tuvo Cristobal Colón en el transcurso de su cuarto viaje, el 30 de julio de 1502 en la isla de Guanaja, cerca de Honduras, conocida como la tierra "de oro, plumas y cacao".

Moneda de cambio
Las semillas de cacao eran muy valiosas para los indios de América. Les servían de moneda: 3 semillas por un tomate; 30 semillas por una liebre; 200 semillas por un pavo. También se regalaban para festejar bodas y nacimientos, o se presentaban como ofrenda a los difuntos.

Azúcar de caña
Fueron los carmelitas de Oaxaca, en México, los que tuvieron la idea, en el siglo XVI, de azucarar el chocolate y condimentarlo con almizcle y azahar. Se prohibió beberlo en las iglesias debido al gran número de fieles que acudían sólo por tomarlo durante las misas...

    

sábado, 11 de marzo de 2017

Los muertos y las muertas. Ramón Gómez de la Serna (1888 - 1963)




La acción es la verdadera fiesta del hombre.
                                                                       Goethe, Pandora.    

¿Qué importa que el entendimiento se adelante, si el corazón se queda?
                                                                                                               Gracián, El Héroe. 



"Un jardinero persa, muy joven, suplicó a su príncipe:
-Encontré a la Muerte esta mañana. ¡Salvadme! Quisiera, por milagro, encontrarme en Ispahan esta tarde.
El generoso señor le proporcionó sus mejores caballos. En la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte.
- ¿Por qué -le pregunta- hizo esta mañana ese gesto de amanaza ami jardinero?
- No le hice un gesto de amenaza -responde la Muerte-, sino de sropresa. Porque lo veía lejos de Ispahan esta mañana y debía llevármelo en Ispahan esta tarde." (Leyenda persa recitada por Cocteau)


 
Id tomando veneno hasta que os sepa bien. Amad la muerte si queréis ser vivos.
                                                                                                                    Suhwaradi

Medulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejarán, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, más polvo enamorado.
                                                  Quevedo

 

 La muerte servirá ahora para meditar en la vida, para preparar sus saltos como consejera de futuridad. Se subtituye inmediatamente alos que mueren, se recibe toda su carga eléctrica. las calaveras son como huchas agujereadas de las que se repartió el dinero entre los que siguen viviendo. La muerte se queda en la vida.

"Ni muertos ni vivos debe concernirnos la muerte: vivos, porque existimos; muertos, porque ya no existimos." Lucrecio


 

"Mi venida no fue ningún beneficio para la esfera celeste; mi partida no disminuirá su belleza ni su esplendor. Y, sin embargo, nunca he sabido el porqué de esta venida ni el porqué de esta partida."  Omar-Al-Khayyan

Cuando a Moliére, moribundo, le anuncian que ha llegado el médico, exclama: "Diganle que estoy muy enfermo y que por eso no le puedo recibir."


  
¡Ay, qué larga es esta vida,
que duros estos destierros,
esta cárcel y estos hierros
en que el alma está metida!
                                                     Santa Teresa


El médico espiritista

En Londres hay un doctor que cura consultando con el otro mundo. 
Parte de la base de que siempre entre los ya muertos ha habido uno que ha tenido la misma enfermedad que el enfermo que se presenta en la consulta...(Pág.157)


   

        
Autor: Ramón Gómez de la Serna.
Título: Los muertos y las muertas.

Colección Austral nº 308
Espasa - Calpe, S.A.
Nº de páginas 205



jueves, 2 de marzo de 2017

Stratis Myrivilis (1892 - 1969) La vida en la tumba.



"Conocer a los demas es sabiduría y conocerse a sí mismo, iluminación."
                                                                                        Tao Te Ching


 
Autor: Stratis Myrivilis.
Título: La vida en la tumba. El libro de la guerra.

Introducción, traducción y notas: M. Ramírez-Montesinos.
Ilustraciones: Kostas Grammatopoulos.

Colección Romiosyne nº 5.
Editorial Point  de Lunettes.
Nº de páginas: 292


(...) Así como Homero al cantar la Iíada glorifica la paz y no la guerra, S. Myrivilis denuncia la barbarie de la guerra, entonando un canto de paz, a la vida y al amor, que es lo único capaz de dar un sentido a la existencia humana. La obra expresa la angustia del hombre, que en primera línea de combate, espera día tras día la muerte pese a su ardiente deseo de vivir. Todos los sentimientos humanos, el amor los recuerdos de su vida anterior, la nostalgia, la belleza de la naturaleza y la amistad cercan cercan al guerrero para intensificar el dolor ante la presencia de la muerte y señalar lo absurdo y demencial de la guerra. Es el diario que durante la Primera Guerra Mundial, un sargento voluntario griego dedica a su amada desde la trinchera, en condiciones infrahumanas, frente a la montaña de Pisteri, en Macedonia, donde acecha el ejército enemigo formado por búlgaros y alemanes. M. Ramírez-Montesinos.


 Había también un grueso paquete de papel de estraza, atado en cruz por un cordel, del que ya me había olvidado. Al cortar los nudos, se desparramaron en fúnebre susurro un montón de cuadernos y un tocho de papeles escritos con letra clara y muy prieta. Y me vino a la memoria la antigua anotación, ya medio borrada, que había escrito a lápiz azul en el grueso cartón: "manuscrito del sargento Andonis Costulas". Tras sacar las cuartillas, dejé caer la tapa de la larga y estrecha caja. Era, realmente, un auténtico féretro  este pequeño baúl, y, en efecto, pertenecían aun pobre muerto estos papeles amarillentos y viejos, marcados por el cordel en sus cuatro extremos. Un muerto que intentaba hablar...(Pág.13)


 Un sargento voluntario de la tercera sección de la séptima compañía. Entonces, ¡qué viva y nítidamente se me vino a la memoria aquel estudiante alto, moreno, de rostro alargado y pelo crespo! Era un auténtico hombre, sensato y tímido como una muchacha. Fue presa de las llamas por error, cuando se depuraban las trincheras búlgaras, conquistadas por un cabo francés al servicio de la brigada de "fuego líquido", asignado a nuestro regimiento aquel día excepcional, ya que nosotros los griegos, técnicamente retrasados, no habíamos adquirido aún tales especialidades. El francés había recibido una puñalada en el vientre, asestada por un búlgaro oculto y, hasta su muerte, convulsionándose como un pez, seguía rociando, allá donde terciara, fuego liquido con la bobina de su dispositivo. En aquel momento, casualmente sató en la misma trinchera Andonis Costulas y fue devorado por las llamas...(Pág. 14)


 La hora temprana de la mañana rosada en que bajabas con tu paso corto al colegio y te esperaban las pequeñas alumnas con los ramilletes recién cortados de violetas. la blanca y luminosa hora del mediodía, cuando terminabas el trabajo con la sombrilla-guinda habierta como una flor-duende que difundía una luz roja alrededor de tu rostro. Te esperaba y cómo sonreían tus ojos castaños. La hora del atardecer, dorada y azul, cuando el sol caía y yo me impacientaba para ir a la roca marina de Fikiotrypa, par allegar a tiempo a la puesta de sol...  



Tú alma habla con tu silencio.

Mi monólogo llena tu ausencia.




Estoy en contra de las camarillas. Promocionan a los suyos, a los demás los entierran. Los que no están de su parte, son decapitados. Dominan los pelotas y los payasos. No tengo ninguna duda de que el futuro  pertenece a los mierdas.
 



Estoy en contra de los pedantes: todo lo cuestionan, excepto a sí mismos. Destrozan el mundo con sus críticas, tachan a todos de tarados y corruptos, y nada más obtienen su título, los veo enseguida contratados en los ministerios, y su idealismo se les desinfla en la comodidad del sistema establecido.

Estoy en contra de cualquier ideología, sean cuales sean los matices  con los que intenten vendérnosla. Cuanto más atractivas e innovadoras son las ideas, tantos más hombrecillos miserables pueden ocultarse tras ellas. Cuanto más bellas sus palabras, tanto más sospechosas son sus obras. Cuanto más elevados sus objetivos, tanto más insípidos sus versos. 

Dinos Cristianópulos (pseudónimo de Konstantinos Dimitriadis) nació en 1931 en Salónica.