martes, 29 de abril de 2014

Sombras sobre Baker Street



"Cuando has eliminado lo imposible, lo que queda,
por muy improbable que parezca, debe ser la verdad".

-Sir Arthur Conan Doyle, La señal de los cuatro




"Creo que lo más misericordioso de este mundo es la incapacidad
de la mente humana para relacionar todo lo que contiene".

-H.P.Lovecraft, La llamada de Cthulhu


 
Sherlock Holmes entra en el mundo

de pesadilla de H.P.Lovecraft


La gorra de cazador, la pipa, la bolsita llena de tabaco sobre el mantel de la chimenea...la imagen que aparece ya sea la de Basil Rathbone, la de Jeremy Brett o una creada por el propio lector, es inconfundible. La figura más reconocible de la ficción en lengua inglesa es, sin lugar a dudas, la de Sherlock Holmes. Durante más de cien años las historias del gran detective que utiliza la afilada cuchilla de la racionalización en contra del mal han cautivado a gran cantidad de entusiastas lectores en todo el mundo.
(...) La idea de un hombre que resuelve los enigmas más difíciles e intrigantes solo mediante la lógica y la capacidad de deducción que sigue atrayendo a un buen número de escritores y lectores más de un siglo después de su primera aparición en The Strand Magazine. Siempre podemos confiar en que las crónicas que Watson realiza sobre el primer detective consultor del mundo proporcionen el reconfortante conocimiento de que todo tiene una explicación; no hay oscuridad lo suficientemente profunda que la luz del intelecto y la razón no pueda iluminar. 





Pero, ¿qué pasaría si...?
¿Qué pasaría si Holmes y Watson se vieran enfrentados a cosas ajenas al reino de la experiencia humana? ¿Qué pasaría si lo inconcebible resultara ser cierto? ¿Qué pasaría si hubiera lugares, entidades, conceptos en el cosmos que el hombre no solo no entiende, sino que no puede llegar a entender?
El ciclo del Mito de Cthulhu de H.P.Lovecraft es solo una sombra que se esconde detrás del canon de Holmes (...) Desde que Lovecraft habló de la existencia de Arkham, el Necromicón y los Primigenios en las páginas de Weird Tales, una gran cantidad de autores se ha inspirado en ellos para crear su propia visión de esta mitología outré.


El mito sugiere que la realidad que conocemos es pequeña y estrecha; que, más allá de los límites de la cordura se arrastran seres de un inmenso poder y malicia que gobernaron este mundo antes de la llegada de la humanidad y que pretenden volver a hacerlo. ¿Qué extraños sucesos causaron estas poderosas y extrañas criaturas en los últimos días del siglo XIX?





Título: Shadows over Baker Street

Escrito por los siguientes autores:

Steven-Elliot Altman
Elizabeth Bear    
Poppy Z. Brite     
Simon Clark        
David Ferguson   
Paul Finch     
Neil Gaiman      
Barbara Hambly   
Caitlin R. Kiernan   
Tim Lebbon    
James Lowder 
Richard A. Lupoff
Patricia Lee Macomber
F. Gwynplaine Mcintyre
John Pelan
Steve Perry
Michael Reaves
Brian Stableford
John P. Vourlis
David Niall Wilson
  



Traducción: Paz Fernández-Xesta Cabrera
Ilustración de cubierta: John Jude Palencar

Introducción: John Pelan y Michael Reaves
Editorial: La factoría de ideas

Nº Páginas: 351





Peter Pan y Wendy. J.M.Barrie (1860 - 1937)



La historia del niño que no quiso crecer

Capítulo  Primero

Todos los niños del mundo, menos uno, crecen. Y no sólo crecen, sino que enseguida saben que han de crecer. Nuestra Wendy lo supo del modo siguiente:
Cierto día, cuando sólo contaba dos años, estaba jugando en un jardín; arrancó una flor y corrió a llevársela a su madre (...)





   
Capítulo II

La sombra

(...) Es un castigo que les fue impuesto por alguna culpa que cometieron hace ya mucho tiempo, tanto tiempo, que ninguna estrella sabe lo que fue.. Así las más viejas han llegado a ser vidriosas y rara vez hablan (el centelleo es el lenguaje de las estrellas), pero las más jóvenes todavía desean saber. No son precisamente amigas de Peter Pan, quien de modo travieso gusta de subir a hurtadillas por detrás de ellas para tratar de apagarlas, pero le gustan tanto las bromas, que aquella noche estaban de su parte y ansiaban que las personas mayores se quitarán de en medio. Así, en cuanto la puerta del número 27 se cerró detrás del señor y la señora (...)







 
Capítulo V

La isla se convierte en realidad

Al oír que Peter Pan se había puesto en camino para volver a ella, la isla de Nunca-Jamás despertó de nuevo a la vida.
En ausencia de Peter, todo permanece más silencioso en la isla; las hadas duermen...




Sir James Matthew Barrie nació en Escocia en 1860 y murió en 1937. Es una de las primeras figuras de la literatura inglesa contemporánea.
Su fama la debe especialmente a sus obras teatrales, siendo la más popular la comedia infantil Peter Pan (1904), con cuyo argumento compuso después el célebre libro para niños Peter Pan y Wendy (1911).
Fue profesor de las universidades inglesas de San Andrés y Edimburgo, llegando a ocupar la presidencia de las mismas.
Su amor a los niños, tan patente en su cuento inmortal, motivó el que hiciera cesión de sus derechos de autor del Peter Pan a favor de un hospital de niños de Londres.



Autor: J.M.Barrie
Ilustraciones: Mabel Lucie Attwell

Traducción: María Luz Morales
Editorial: Juventud

Nº Páginas: 189








 
  

domingo, 27 de abril de 2014

Hongos de Yuggoth y otros poemas fantásticos. H.P. Lovecraft (1890 - 1937)



Hongos de Yuggoth

 


I. El libro


El lugar era oscuro y polvoriento, un rincón perdido
en un laberinto de viejas callejuelas junto a los muelles,
que olían a cosas extrañas traídas de ultramar,
entre curiosos jirones de niebla que el viento del Oeste
dispersaba.                                                             
Unos cristales romboidales, velados por el humo y la
escarcha,                                                                
dejaban a penas ver los montones de libros, como árboles
retorcidos                                                              
pudriéndose del suelo al techo...ventisqueros
de un saber antiguo que se desmoronaba a precio de saldo.

Entré, hechizado, y de un montón cubierto de telarañas
cogí el volumen más a mano y lo hojeé al azar,
temblando al leer raras palabras que parecían guardar
algún secreto, monstruoso para quien lo descubriera.
Después, buscando algún viejo vendedor taimado,
sólo encontré el eco de una risa.                     





II. Persecución


Llevaba el libro apretado bajo el abrigo,
escondiéndolo como podía en semejante lugar,
mientras apretaba el paso por las viejas calles del puerto
volviendo con recelo la cabeza a cada instante.
Ventanas sombrías y furtivas de tambaleantes casas de
ladrillo
espiaban extrañamente mi paso apresurado,
y al pensar en lo que cobijaban ansié violentamente
una visión redentora de puro cielo azul.

Nadie me había visto cogerlo... y sin embargo
una risa hueca seguía resonando en mi aturdida cabeza,
dejándome adivinar qué mundos nocturnos de maldad
acechaban en aquel volumen que había codiciado.
El camino se me hacia extraño, los muros demenciales...
y a mi espalda, en la distancia, se oían pasos invisibles. 





IV. Reconocimiento


Había vuelto el día en que de niño
vi -una sola vez- aquella hondonada cubierta de viejos robles
grises por la bruma que sube del suelo y envuelve y ahoga
las formas abortadas que la locura ha profanado.
Volvía a verlo: la hierba tupida y salvaje
ciñendo un altar cuyos signos tallados invocan
a Aquel Que No Tiene Nombre, hacia quien ascienden
mil humaredas, eones emanados, desde altas torres impuras.

Vi el cuerpo tendido sobre aquella piedra húmeda
y supe que aquellas cosas celebrantes no eran hombres;
supe que aquel extraño mundo gris no era el mío,
sino el de Yuggoth, más allá de los abismos estelares...
Y entonces el cuerpo me lanzó un grito de agonía
¡y supe demasiado tarde que era yo! 



 

VII. La colina de Zamán


La colina se alzaba junto al viejo pueblo,
una mole contra el final de la calle mayor;
verde, alta y boscosa, dominaba sombríamente
el campanario del recodo de la carretera.
Doscientos años antes corrían rumores
sobre lo que ocurría en aquella ladera evitada por el
hombre...                                                      
Historias de ciervos o pájaros extrañamente mutilados
o de niños perdidos cuyos padres habían abandonado
toda esperanza.                                           

Un día el cartero no encontró el pueblo donde solía
y nadie volvió a ver a sus habitantes ni sus casas;
la gente venía de Aylesbury y se quedaba mirando...
pero todos decían al cartero que a buen seguro
estaba loco por contar que había alcanzado a ver
los ojos glotones de la gran colina y sus fauces abiertas de
par en par.  
                                                    




XIII. Hesperia


La puesta de sol invernal, refulgiendo tras las agujas
y las agujas medio desprendidas de esta esfera sombría,
abre grandes puertas a algún año olvidado
de antiguos esplendores y deseos divinos.
Futuras maravillas arden en aquellos fuegos
cargados de aventura y sin sombra de temor;
una hilera de esfinges indica el camino
entre trémulos muros y torreones hacia liras lejanas.

Es la tierra donde florece el sentido de la belleza,
donde todo recuerdo inexplicado tiene su fuente,
donde el gran río del Tiempo inicia su curso descendiendo
por el vasto vacío en sueños de horas iluminadas por las
 estrellas.
Los sueños nos acercan...pero un saber antiguo
repite que el pie humano no ha hollado jamás estas calles.





XXXII. Alineación


Su carne material nunca se había alejado,
pues cada aurora le encontraba en su lugar habitual,
pero su espíritu amaba vagar cada noche
por abismos y mundos distantes del día ordinario.
había visto Yaddith y conservado empero el juicio,
había vuelto indemne de la región ghoórica,
hasta que una noche tranquila atravesó el curvo espacio
aquella llamada apremiante que venía del espacio exterior.

Por la mañana despertó convertido en un anciano,
y desde entonces nada ha vuelto a parecerle igual.
Los objetos flotan a su alrededor, nebulosos e indistintos,
como fantasmas engañosos que ejecutan un plan más vasto.
Su familia y amigos son ahora una multitud extraña
a la que lucha en vano por pertenecer.





Poemas Fantásticos
 



Madre tierra


Una noche, paseando, descendí por el talud
de un valle profundo, húmedo y silencioso,
cuyo aire estancado exhalaba un tufo de podredumbre
y una frialdad que me hacían sentir enfermo y débil.
Los árboles numerosos a cada lado
se cernían como una banda espectral de trasgos,
y las ramas contra el cielo menguante
tomaban formas que me daban miedo, sin saber por qué.
Seguí avanzando y parecía buscar 
alguna cosa perdida como la alegría o la esperanza,
pero pese a todos mis esfuerzos no pude encontrar
más que los fantasmas de la desesperación.
Los taludes se estrechaban cada vez más,
hasta que pronto, privado de la luna y las estrellas,
me vi comprimido en una grieta rocosa
tan vieja y profunda que la piedra
respiraba cosas primitivas y desconocidas.
Mis manos, explorando, intentaban rastrear
los rasgos del rostro de aquél valle,
hasta que entre el musgo parecieron encontrar
un perfil espantoso para mi mente.
Ninguna forma que forzando mis ojos
hubiera podido ver, habría reconocido;
pues lo que tocaba hablaba de un tiempo
demasiado remoto para el paso fugaz del hombre.
Los líquenes colgantes, húmedos y canosos,
me impedían leer la antigua historia;
pero un agua oculta, goteando tenuamente,
me susurraba cosas que no habría debido saber. 
"Mortal, efímero, osado,
por piedad guarda para ti lo que cuento,
pero piensa a veces en lo que ha sido,
y en las escenas que han visto estas rocas desmoronadas;
en conciencia ya viejas antes de que tu débil progenie
apareciese en una magnitud menor,
y en seres vivientes que todavía alientan
aunque no parezcan vivos a los humanos.
Yo soy la voz de la madre tierra,
de la que nacen todos los horrores". 

  


 El horror de Yule

Hay nieve en el campo
y los valles están helados,
y una profunda medianoche
se cierne sombría sobre el mundo;
pero una luz entrevista en las cumbres
revela festines profundos y antiguos.

Hay muerte en las nubes,
hay miedo en la noche,
pues los muertos en las mortajas
celebran la puesta de sol,
y entonan cantos salvajes en los bosques mientras danzan
en torno al altar de Yule, fungoso y blanco.

Un viento que no es de este mundo
recorre el bosque de robles,
cuyas mórbidas ramas se ahogan
en una maraña de delirante muérdago,
porque estos son los poderes de las tinieblas, que perviven
en las tumbas de la raza perdida de los Druidas.

                                                                                      Diciembre, 1926







Algo sobre H.P..L

La noche del 16 de marzo de 1970 una curiosa procesión formada por unos 150 estudiantes y encabezada por tres profesores recorrió el barrio de College Hill, en Providence, portando antorchas y linternas, en un homenaje local póstumo, a los 33 años de su muerte, al oscuro prisionero de Rhode Island, H.P.Lovecraft. Finalmente el cortejo se detuvo junto a la Casa Apartada, residencia en vida del homenajeado, y se procedió a la lectura de Fungi from Yuggoth, en un ceremonial que habría hecho las delicias de su autor (...)

Su abuelo, Whipple Phillips, aficionado desde joven a los relatos de horror de la literatura gótica, al descubrir que su nieto mostraba interés por ese tipo de historias, le entretenía con cuentos inventados sobre "bosques tenebrosos, cuevas insondables, horrores alados...viejas brujas con siniestros calderos" y le hablaba de "profundos y sonoros gemidos" (...)

Lovecraft aprendió a leer a los tres años y pronto se convirtió en un insaciable devorador de libros. Empezó leyendo los Cuentos de Grimm, y a los cinco años se empapó de la atmósfera de las mil y una noches, leída en una edición juvenil, hasta tal punto que se pasaba el día jugando a ser árabe; le pidió a su madre que le decorara la habitación con tapices y lámparas de incienso, y acabó por proclamarse musulmán (...)

Pronto su avidez por la lectura le llevó a descubrir la mitología clásica. "A los siete u ocho años yo era un auténtico pagano, embriagado con la belleza de Grecia que alcancé una semicreencia en los viejos dioses y los espíritus naturales. Llegué a construir, literalmente, altares a Pan, Apolo y a Atenea y a vigilar los bosques y campos en el atardecer, con la esperanza de sorprender a las dríades y a los sátiros" (...)

El 2 de marzo de 1937, aquejado de fuertes trastornos intestinales, se decidió a ir a un especialista, que le confirmó sus sospechas: cáncer. Falleció en la madrugada del 15 de marzo a los 47 años (...)

En nuestros días H.P.L. comparte -junto a su admirado Poe- la gloria de estar entre los inmortales de la literatura fantástica (...)




 Autor: H.P.Lovecraft
Título original: Fungi from Yuggoth

Traducción: Juan Antonio Santos y Sonia Tribaldos
Ilustración cubierta: Beksinski (sin título, 1979)

Editorial: Valdemar (Enokia S.L.)
Nº Páginas: 161






sábado, 26 de abril de 2014

Nadie pierde siempre. Antonio M. Figueras


Ingrid Bergman y Cary Grand


Morir lo justo

No voy a morir por ti
pues nada quiero.
Apenas
un jardín
donde poder llorar
por debajo 
de los hombros
y de la tierra,
donde sacudir
los labios cubiertos de ceniza
en busca de las siluetas
de humo
que conmemoren
aquellos gestos,
aquellas palabras,
aquellas ciudades
de un tiempo
que jamás existió
y que aún habito.
No voy a morir por ti
más que lo justo.


Audrey Hepburn


Buenas intenciones

Cuando veo a la gente
deambular,
ya perdido el Camino de Santiago
y el Sahara,
por los astilleros
y la Baja Edad Media
buscando trabajo,
mirándose los pies,
me entran unas histéricas ganas
de darte
un río sin márgenes,
una playa sin riberas,
el olor a tierra mojada
de una calle de una ciudad
de un país
donde nunca llueve,
aunque hoy me he cruzado
con L. C.
y no me ha visto.


Alberto Closas y José Luis López Vázquez


Consuelo

Ni siquiera los yanquis ganan siempre.

Acuérdate del Álamo.
A todos nos acompaña el fracaso
como el escolta al presidente.

He visto a muchos héroes
pasar las tardes muertas
en el cementerio de Arlington.

Ya sólo me conformo
con descansar los ojos
por debajo de la cintura
del tiempo.  

 
Cary Grand


Con las botas puestas


Imagina lo que sintió
el general Custer
cuando tras gritar
adelante mis muchachos
se volvió
y comprobó que no le seguía
nadie.



Clint Eastwood



  

Autor: Antonio M. Figueras

Título: Nadie pierde siempre

Ediciones  Amargord

Nº de Páginas: 58


   

Hijo Mío. Ana Pérez Cañamares.



Que soy libre, me dicen.
Pero si quisiera tener otro hijo tendría que llevarlo al banco de la esquina
porque suya es mi casa.
Mi niño llamaría padre al director
y madre a la cajera
aprendería a andar con una silla de oficinista
dormiría en un cajón del archivador
y yo sólo sería un pariente lejano
que le sonreiría desde mi puesto en la cola.
Me pasaría de vez en cuando con la excusa de ampliar la hipoteca
sólo para ver qué tal me lo crían
como le afecta el aire acondicionado
si sabe poner un fax
y si el director le regala un juego de sartenes
por su cumpleaños.

                                                                                       Hijo mío
                                                                                        Ana Pérez Cañamares

 

"Escucha sin juzgar, habla sin ofender
y observa sin despreciar...
Tres valores que te harán ser justo
ante los demás". 

viernes, 18 de abril de 2014

34 Poemas. Luis Cernuda (1902 - 1963)


Cerezos en flor en la ciudad de Washington


Jardín antiguo

Ir de nuevo al jardín cerrado,
Que tras los arcos de la tapia,
Entre magnolios, limoneros,
Guarda el encanto de las aguas.

Oír de nuevo en el silencio,
Vivo de trinos y de hojas,
El susurro tibio del aire
Donde las almas viejas flotan.

Ver otra vez el cielo hondo
A lo lejos, la torre esbelta
Tal flor de luz sobre las palmas:
Las cosas todas siempre bellas.

Sentir otra vez, como entonces,
La espina aguda del deseo,
Mientras la juventud pasada
Vuelve. Sueño de un dios sin tiempo.





Los espinos

Verdor nuevo los espinos
Tienen ya por la colina,
Toda la púrpura y nieve
En el aire estremecida.

Cuántos ciclos florecidos
Les has visto; aunque a la cita
Ellos serán siempre fieles,
Tú no lo serás un día.

Antes que la sombra caiga,
Aprende como es la dicha
Ante los espinos blancos
Y rojos en flor. Ve. Mira.





Versos para ti mismo

La noche y el camino. Mientras.
la cabeza recostada en tu hombro,
El cabello suave a flor de tu mejilla,
Su cuerpo duerme o sueña acaso.

No. Eres tú quién sueña solo
Aquel efecto noble compartido,
Cuyos ecos despiertan por tu mente desierta
Como en la concha los del mar que ya no existe.


 
  

Los marineros son las alas del amor


Los marineros son las alas del amor,
Son los espejos del amor,
El mar les acompaña,
Y sus ojos son rubios lo mismo que el amor
Rubio es también, igual que son sus ojos.

La alegría vivaz que vierten en las venas
Rubia es también,
Idéntica a la piel que asoman;
No les dejéis marchar porque sonríen
Como la libertad sonríe,
Luz cegadora erguida sobre el mar.

Si un marinero es mar,
Rubio mar amoroso cuya presencia es cántico,
No quiero la ciudad hecha de sueños grises;
Quiero sólo ir al mar donde me anegue,
Barca sin norte,
Cuerpo sin norte hundirme en su luz rubia.



 

Sentimiento de otoño


Llueve el otoño aún verde como entonces
Sobre los viejos mármoles,
Con aroma vacío, abriendo sueños,
Y el cuerpo se abandona.

Hay formas transparentes por el valle,
Embeleso en las fuentes,
Y entre el vasto aire pálido ya brillan
Unas celestes alas.

Tras de las voces frescas queda el halo
Virginal de la muerte.
Nada pesa ganado ni perdido.
Lánguido va el recuerdo.

Todo es verdad, menos el odio, yerto
Como ese gris celaje
Pasando vanamente sobre el otro,
Hecho sombra iracunda.





  
 Sargent


Adiós, dulces amantes invisibles,
Siento no haber dormido en vuestros brazos.
Vine por esos besos solamente;
Guardad los labios por si vuelvo.
 




Luis Cernuda

Nacido en Sevilla en 1902, Luis Cernuda cursó estudios en su ciudad natal, donde tuvo como maestro a Pedro Salinas. Se licenció en Derecho, carrera que nunca llegaría a ejercer, y poco después se fue a vivir a Madrid, uniéndose a la llamada "Generación del 27", en donde contaba a sus mejores amigos.
Tras la Guerra Civil, abandonó España y se trasladó a Gran Bretaña, trabajando primero como lector en las universidades de Glasgow y Cambridge, y más tarde como profesor de literatura en el Instituto Español  de Londres. Después de residir unos años en Estados Unidos, se trasladó definitivamente a México, donde murió en 1963.
   





Autor: Luis Cernuda
Título: 34 Poemas

Editorial: Grijalbo Mondadori, S.A.
Selección: Carlos Feliu

Edición: 1998
Nº de Páginas: 69